
Será por la competencia del metro, el tranvía o el tren, será porque hay que responder a un usuario cada vez más exigente, será porque los poderes públicos han asumido al fin que la mejor manera de fomentar el transporte público es mejorar su calidad..., el caso es que el servicio que ofrecen los autobuses urbanos en nuestras ciudades ha mejorado notablemente los últimos cuatro años. Así lo ha constatado CONSUMER EROSKI, cuyos técnicos han estudiado 300 líneas de bus urbano en 18 ciudades: 30 líneas de autobús en Madrid y Barcelona, 25 en Valencia y Sevilla, 20 en Málaga, Zaragoza y Bilbao, 18 en Murcia, 15 en Alicante y Valladolid, 12 en Granada y 10 en Córdoba, A Coruña, Logroño, Oviedo, Pamplona, San Sebastián y Vitoria.
Este examen de 2007 lo pasan los buses urbanos con una calificación media de «bien», cuando en un informe similar de CONSUMER EROSKI publicado en 2003, la nota media fue un inequívoco «mal». El avance más significativo, que resulta incluso sorprendente (de un «muy mal» de media a un «muy bien»), ha sido el de cómo realizan su trabajo los conductores de los buses. Cuando hace cuatro años eran cosa común la conducción brusca y los frenazos, las paradas excesivamente rápidas o los estacionamientos incorrectos, en 2007 han sido muy poco frecuentes. No choca, por tanto, que la calidad y comodidad del desplazamiento, junto con las infraestructuras desplegadas en las paradas, sean los aspectos más positivos desvelados por esta investigación. Pero no todo son luces, aún quedan deficiencias por subsanar, como la información al usuario tanto en la parada como en el interior del vehículo, la puntualidad (una de cada ocho líneas analizadas llegó a su parada con un retraso superior a cinco minutos) y la adaptación a las necesidades de los discapacitados (en varias ciudades entre el 15% y el 20% de los buses no están adaptados).
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