Noise Concept

Gracias a los convertidores catalíticos, el combustible sin plomo, el monitoreo de ozono y las restricciones a la industria sucia, la contaminación del aire en la Ciudad de México es mucho menor que a principios de la década de 1990. La contaminación acústica, sin embargo, ha sobrevivido a los esfuerzos de los planificadores por mejorar las condiciones ambientales en una de las ciudades más grandes del mundo.

Las aves que habitan la capital —que son bastante numerosas para tan vasta extensión de cemento y betún— encuentran sus coros de bienvenida al amanecer compitiendo por los oídos con el continuo retumbar de los neumáticos sobre el alquitrán, el rugir de la combustión del diésel y chillidos desgarradores de los silbatos de los policías que intentan mantener todo en movimiento.

Tal vez no sea sorprendente que el ruido sea una especie de símbolo de estatus para el chilangos mientras luchan por hacerse notar entre otros 20 millones.

Los propietarios y operadores de los ubicuos micros —los autobuses de enlace— bien pueden escatimar en lo que respecta a la disposición de los asientos, las bombillas defectuosas o las puertas pegajosas, pero no escatimen en gastos al instalar sistemas de sonido para el aparente entretenimiento del conductor. Desde la intrincada configuración de tweeters y woofers, nadie se salva de la explosión de musica tropical, corridaso rock en español.

En caso de que esto no sea suficiente, algunos reemplazan la bocina estándar con una serie de trompetas que emiten Yankee Doodle o La Cucaracha, ambos proclamando «dar paso a los estridentes».

La tendencia a compartir por la fuerza gustos disonantes se extiende a los propietarios de automóviles, muchos de los cuales bajan las ventanillas para que los demás conductores y peatones aprecien los puntos más finos de la música disco, el rap o el hip-hop, a todo volumen. Pathos viene a la mente cuando el conductor trata de gritar «mírame» a través de los parlantes, pero en realidad insiste, «escucha este horrible estruendo». Ninguno de los ruidosos Parece que le gusta Simon & Garfunkel.

Y, como en todas partes, incluso en el mejor de los hogares, los decibeles, más que las premisas, la inferencia y la deducción son la moneda principal para resolver las diferencias de puntos de vista. Aquí, cuanto más, mejor se combina con más fuerte, mejor para producir una aplicación de opinión ensordecedora, haciendo la expresión, el que calla otorga(quien no dice nada, consiente) algo redundante.

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Por admin

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